viernes, 12 de mayo de 2017

Aportes para nuevas búsquedas

Bullrich quiere argentinos que inventen empleos. Voy a darle el gusto. Ahora, que se ocupe él de convencer a sus amigos para que abran las búsquedas laborales.
En una de cada tres materias de la facultad se hablaba del líder carismático, ese que podía dirigir al mundo en virtud de sus cualidades extraordinarias. Estos tipos, por lo general, son recordados (a veces para bien y otras no), y estoy convencido de que en algunos casos fueron necesarios, pero también creo que los países de occidente están como están por una sobreoferta de líderes. No todos pueden vivir de tocar la guitarra, algunos tienen que conseguir la sala, y otros ocuparse de que venga el público, sin nombrar a todas las personas que recurren a otros trabajos o piden plata para poder financiarse las entradas.
Tampoco quiero que esto se entienda como una justificación para que vivamos en un mundo choto y aburrido. Sé que algunos se van a sorprender, pero existe gente que la pasa muy mal cuando sufre. A mí, por lo menos, me interesa producir con emoción. El aburrimiento no debería pasar de ser una alarma que nos dice que hay que añadir retoques en nuestra vida (y volver atrás si éstos no nos convencen demasiado). Los equipos de trabajo necesitan un nuevo jugador: el articulador, el héroe carismático, o si les gusta más, el burócrata-administrativo carismático.
Los grupos en los que todos quieren dirigir implosionan. Tampoco pueden durar si la mayoría de los miembros trabaja hasta quemarse la cabeza. En un grupo que produce se necesitan dirigentes que puedan conducir sin hacerse detestar por la mayoría de sus compañeros, sólo deberían quemarse aquellos que genuinamente lo considerasen como algo positivo y meritorio, también hacen falta otros integrantes que aporten el resto. Hace falta un individuo que pueda llenar los innúmerables baches que surgen de forma más o menos imprevista. Alguien que pueda inspirar, por ahí no motivación o confianza, pero si tranquilidad y buen humor. Esta persona tiene que ser alguien relajado/a, ocurrente, y, en particular, muy chusma.  Tiene que tener una visión panorámica del desempeño del equipo y ser capaz de reemplazar de manera provisoria a cualquier integrante. En una entrevista acerca del arte, la felicidad y el comportamiento de grupos, el maestro Nizuma advertía las dificultades que podía acarrear a nivel profesional ser un hombre de muchos oficios y maestro de ninguno. Si bien no es mi objetivo discutir con los aportes de Nizuma, creo que esta visión fuerza una dicotomía que no existe entre el saber generalista y la especialización. El saber generalista es una especialización. No se trata de ser una persona de muchos oficios, sino de poder relacionar tareas múltiples sin descuidar la funcionalidad al equipo. Aunque algunos se rían o les suene a chamuyo, la verdad es que se pueden encontrar antecedentes y cualidades de esta figura en distintos espacios.
En muchas empresas las secretarias y recepcionistas realizan actividades que ayudan a que el resto del personal pueda trabajar de una forma más tranquila (a veces hasta se ocupan de tareas que les dan pereza a quienes les correspondería hacerlas). Un rol parecido cumplía el personaje de Piccolo en Dragon Ball, era bastante grosso pero siempre se quedaba corto al lado de los personajes principales o de los antagonistas de turno. Así y todo, Piccolo cumplía funciones como entrenar a los personajes más jóvenes, pensar estrategias para solucionar problemas, brindar información útil (en varios capítulos podíamos entender lo que estaba pasando gracias a sus explicaciones), resistir frente a los enemigos más fuertes y darles pelea a los de níveles medios. A nivel musical tenemos un referente argentino y contemporáneo, Ricardo Iorio, que en una entrevista en la tele alegaba que Paul McCartney era virtuoso como bajista pero no sabía hacer ninguna otra cosa, él, en cambio, podía arreglar motores, hacer un pastone y labrar la tierra. Aunque la especialización de McCartney, en este caso, resulte económicamente más redituable que el conjunto de saberes de Iorio, no deja de ser interesante el hecho de que se señale la preferencia por saberes múltiples e integrados. Por último, y a nivel académico-profesional, encontramos la figura del médico clínico, que a mi criterio es uno de los ejemplos más claros de este rol. Si bien está muy difundida la idea del médico clínico como médico raso y sin especialización, la verdad es que es una formación especializada en las diferencias entre especialidades y en las formas de identificarlas. Son ellos los que, en lo que compete al cuerpo y al organismo humano, tienen una visión del conjunto.
Hacen falta más articuladores (con aportes, vacaciones pagas y recibo de sueldo). Si bien cada una de las figuras nombradas tiene características propias, necesitamos que se generen más roles que impliquen un conjunto de saberes múltiples y relacionables. El articulador tiene que ser alguien con la cabeza despejada sin que esto evite que disponga de un arsenal de ideas, herramientas y propuestas. Es alguien que puede tomarse dos minutos para hurgar con detenimiento en su bolsillo y de ahí sacar sus conocimientos (y su tiempo ocioso) para ponerlos a disposición del equipo. Los/as que están hasta las manos de trabajo necesitan al articulador para que los asista y así seguir concentrándose en su objetivo específico sin angustiarse más de lo que considerasen necesario.  El articulador, a su vez, necesita a la gente que trabaja de manera más intensa porque de no ser así, no habría puentes, ni pasillos ni flujos de trabajo que cuidar y regular.

Hace poco fui a tomar un café con Aram y le hablé de mi propuesta. No sé por qué, pero siempre que nos vemos me termina pasando lo mismo, acepto su invitación y después me arrepiento con ganas. Dijo que yo no quería laburar y dio un discurso muy denso que incluía alusiones a la vagancia, a la inmadurez y a no ponerla. Mientras hablaba, yo pensaba en cómo había sido Aram cuando tenía cuatro años.  Me lo imaginaba con guardapolvo cuadrillé y un cuellito rojo contándole a sus compañeros de jardín que Papel Noel no existía, que era un tipo disfrazado en connivencia con los padres. Igual esa charla también hizo falta. Él cumplía su rol de evaluador. El burócrata carismático también necesita a otro con quién discutir, alguien que impulse el desarrollo y testeo de sus ideas (por más que fuese de forma involuntaria) y a quien no quiera parecerse. Además, y aunque después la interpretásemos de maneras distintas, él fue el que en su momento me había explicado lo que significaba la frase emblema de un gran juego de mesa: timeo hominem unius libri.

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