Tengo una adicción a perder el tiempo. No, pero en serio lo
digo. Soy capaz de hacer cualquier cosa, menos la que tendría que estar
haciendo en ese momento. Me da placer. Me encanta ir a la placita, oler el
aire, girar la cabeza de un lado a otro y hacer que se vaya el dolor de cuello.
El problema es que durante ese tiempo yo tendría que estar terminando de
escribir no sé qué informe sobre coordinadores y docentes de centros educativos
en Remedios de Escalada.
A veces, muy cada tanto, puedo escribir el borrador del
informe en la plaza y después pasarlo a Word (así, como para sentir que no
estoy trabajando). Igual admito que me resulta más fácil leer en la plaza si lo
que llevo es un comic.
Perder el tiempo cuando no es para darle gustos a otros es hermoso.
Lo que me hace mal es lo que viene después. El prestigio le corresponde siempre
a la gente que hace cosas. Lo peor es que me gustaría ganar más plata y recibir
algún que otro elogio. Quisiera figurar en listas de gente importante como los
miembros de una orquesta o los actores de una obra de teatro, pero eso siempre
le toca a otros.
Quisiera tener el reconocimiento que tiene Silvi, por
ejemplo, pero no quiero trabajar lo mismo que ella, ¡sería un embole! El otro
día en el medio de una charla, la invité a comer hamburguesas y ni siquiera me
dijo que no. Su respuesta fue que, no sé, que había encontrado un diario zonal
con varias noticias para nuestro trabajo (está bien que eso es un no, pero
hubiese preferido que se tomara la molestia de inventar una excusa).
Así y todo, sé que aporto y no poco. Cuando están saturados
con tareas y fechas de entrega para ayer,
todos los que se destacan no discuten con sus jefes ni van a terapia, sino que
me llaman a mí para que los escuche. También está Jime, que es una referente y
es brillante. Siempre trae buenas ideas, pero labura muy a desgano, como si lo
hiciera sólo por compromiso. A veces habla de lo trabada que se siente o de
frustraciones que no alcanzo a entender. Le sugiero que mire alguna serie o
algún video en Youtube y ella se sorprende y me dice que no sabe de dónde saco
tanta data divertida. Tengo una pareja
amiga que me invita seguido a su casa a ver películas, comer pizza y jugar a
los jueguitos. Cada tanto invitan a dos o tres amigos más y organizamos torneos
de Mortal Kombat. Arman estrategias y esquemas para que no abuse del juego. Uno
de los participantes llegó a decir que jugar contra mí era como desafiar a una
pared. Yo me preocupo por dejar claro lo bien que la paso. Evito hacer esfuerzos
para organizar próximos encuentros. Me importa que sean ellos los que me
inviten.
No pierdo las esperanzas, sé que algún día voy a poder vivir de
lo que ya sé hacer y a las actividades para las que me tenga que esforzar voy a
hacerlas por convicción propia. Armé un sistema para cumplir con las tareas sin
sentir que estoy cumpliendo. El secreto está en ampliar las responsabilidades y
estar siempre donde no tengo que estar. Me inscribí a una maestría para
redactar durante las clases los informes sobre las sedes, los fines de semana
largos voy al departamento de Aram a no darle de comer a su gata y a procesar
encuestas, y en los talleres de escritura ensayo propuestas para llevar al
equipo de trabajo.
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